Lo que decida Oblak

Atlético de Madrid Encadena cuatro duelos imbatido dejando paradas para la historia como la de Moscú

Apenas 72 horas le han bastando a Jan Oblak para mostrar, por enésima vez, el catálogo de paradas (exhibiciones, milagros…) que le convierten en uno de los más grandes del presente y de la historia bajo palos. Que no suela aparecer en los premios de los mejores del mundo es uno de los misterios del planeta fútbol. Pero el esloveno, lejos de enfadarse o poner el grito en el cielo, sólo sabe hacer una cosa. Parar. Parar de todas las formas imaginables. Parar cualquier disparo que se acerca a sus dominios hasta convertir el área del Atlético en el reino de Oblak.

Retrocedamos hasta el inicio de su última exhibición. Penúltima, más bien. Con el Real Madrid como rival el esloveno sacó dos balones envenenados de Kroos, primero, para vestirse de superhéroe, después, con una mano increíble a cabezazo de Benzema. Bien creía el delantero blanco que su remate serviría para llevarse el duelo de la capital. Bien demostró el guardameta rojiblanco que ahí estaba él para impedir que los madridistas volvieran a llevarse todo el botín de su visita al Wanda Metropolitano.

A Jan le da igual San Blas que Moscú. Ante el Lokomotiv se iba a producir la última exhibición. Diremos penúltima para que en el próximo partido no nos lleve la contraria sobre el césped. Todos, atléticos o no, saben que lo volverá a hacer en su empeño por convertirse en el mejor futbolista del Atlético. Al menos, en el que más puntos suma para su equipo.

Así fue ante los rusos. Puede dar fe de ello Krychowiak, aquel mediocentro del Sevilla que se ha convertido en Rusia en el alma de un equipo que dio la cara hasta que el Atlético consiguió imponer su mayor físico y calidad. La ocasión que tuvo el conjunto local para meterse en la batalla acabó como suelen hacerlo la mayoría de las ocasiones de los rivales rojiblancos, en los guantes de Oblak.

El 13 firmó una doble parada espectacular, evocando aquella triple ante el Bayer Leverkusen (también en Champions) que debería visionarse en las academias de porteros. Tres tiros seguidos a bocajarro (primero a Brandt y seguidamente dos veces a Volland) ante los que cualquier otro portero se habría derrumbado como un castillo de naipes. Pero el internacional esloveno demostró en Rusia que no había sido casualidad, así que aguantó la posición, tapó el primer palo y demostró que en colocación y reflejos pocos están a su altura, sacando una mano felina abajo imposible para los mortales. De propina, repelió también el segundo remate agigantándose ante Krychoviak y achicando espacios por completo.

Con el de Champions son cuatro los partidos seguidos en los que Oblak ha echado el candado a su portería. 360 minutos en los que nadie obligó a Jan a agacharse para recoger el balón del fondo de su portería. Cuatro partidos seguidos -que se unen a los dos primeros del curso frente a Getafe y Leganés- para olvidar esa racha impropia de su trayectoria en la que Eibar, Real Sociedad y Juventus encadenaron tres partidos seguidos marcándole dos tantos cada uno. Incluso, con algún error, como el del Reale Arena, de un portero que está más acostumbrado a los milagros. A firmar paradas – «básicas» según él- que le convierten en una

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