Los brotes verdes a los que Simeone debe agarrarse

El Atlético de Madrid regresará hoy a los entrenamientos en el Cerro del Espino, por la tarde, dos días después de la derrota contra el Barça, con nubes ahí sobre su cabeza y esa palabra por primera vez verbalizada, transición. El Atlético de la 2019-20 un cimiento sobre el que construir, no ya un proyecto para seguir peleando a Barça y Madrid. La pretemporada pasó, quedó como sólo un sueño de verano, la realidad rojiblanca en diciembre es que no está clasificado aún para los octavos de la Champions (le queda la última jornada, ante el Lokomotiv) y que es sexto en Liga. Una posición que ocupó hace no tanto, tres temporadas, la 2015-16… que acabó tercero… peleando como siempre con Madrid y Barça. Porque hay un piedra que lastra, la falta de gol, la terrible falta de gol, 16 en quince jornadas de Liga, pero también brotes verdes. Que ya juega 90 minutos, que no marca pero sí remata, que hay nombres propios que ilusionan

Partidos a 90 minutos

«Tenemos que ir a por los partidos desde el primer minuto para que no pase lo de hoy«, decía Saúl después del partido entre el Atlético y el Valladolid. Un partido que los rojiblancos empataron, sin jugar la primera parte, una costumbre que ha ido enraizando a lo largo de la temporada. Pasó ante Alavés, pasó ante el Leverkusen, ninguno de esos dos duelos se ganaron… Y el equipo ha aprendido. Ante Granada, Juventus y Barcelona, sus últimos tres partidos, se ha podido palpar un cambio de tendencia que Saúl demandaba en aquellas declaraciones. El Atlético ya no tira las primeras partes. Ya juega 90 minutos

No marca pero sí remata 

El Atlético no tiene gol y ha perdido además a Costa, el delantero que durante tres años Simeone tanto pidió y sobre el que estaban todas las esperanzas del gol en el Atlético (hizo cinco en pretemporada), pero ni las cosas le estaban saliendo (2 goles en 15 partidos, con una media paupérrima de 0,13) ni Simeone parece que podrá contar mucho con él en un tiempo: pasó hace dos semanas por el quirófano para operarse de una hernia discal cervical. Morata, que encadenó seis partidos seguidos marcando, lleva los últimos tres sin él. Y nadie ha cogido su testigo. Sin embargo, aquí el brote con el verde más intenso de todos a los que se puede agarrar Simeone: sí remata. Y eso es novedad. Cuando jugaba partidos a sólo 45 minutos no lo hacía. Pero ante Granada lo hizo en 17 ocasiones, 15 fueron ante la Juventus y otros 17 el domingo ante el Barcelona. 49 en total. Por estadística, ahora que remates ya hay, el gol tiene que llegar. 

Nombres propios

Que los hay. En primer lugar la defensa, la pareja Felipe y Hermoso se asienta ante las bajas de Savic y Giménez, y se asienta mucho. Si el central brasileño parece titular desde el primer partido que disputó completo, por su aportación por arriba, tanto en defensa como en ataque, con anticipación, veteranía, un lujo, el mejor fichaje de la temporada de momento. Hermoso, a su lado, ha completado partidos grises (Turín) pero cada vez va teniendo más cuajo y con una salida de balón exquisita, con grandes diagonales, hacia Trippier, hacia Morata… Ante el Barcelona jugó su mejor partido. A medida que va ganando confianza se ve eso que el Atlético fichó: un central de garantías. El último es Herrera, el fichaje al que, quizá, más le costó entrar pero una vez dentro, parece imposible sacarlo. Es la figura que el equipo necesitaba en el centro del campo. Por experiencia, por veteranía, por juego. La pide, la entrega, roba, distribuye. El Cholo ya tiene los pivotes titulares, Thomas y Herrera

João Félix

Aún le falta regularidad. De momento son destellos, chispazos, pero necesita tiempo. Como lo hizo Griezmann, como lo hizo Agüero. El Atlético estuvo un mes sin él, por un esguince de tobillo, y no lo acusó: seis partidos con tres victorias para los rojiblancos, dos empates y una sola derrota (ante el Leverkusen). Ha disputado 117 minutos en los últimos tres partidos, cada vez con más presencia, aunque extrañara su cambio en el 66 ante el Barcelona. Cuando logre la regularidad, el equipo podrá dar el salto de calidad que parecía que tendría en verano cuando la palabra transición aún a nadie se le pasaba por la cabeza.

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